Es como volver a tomar un helado de la diminuta gelateria del paseo de yeserías. Atravieso en veinte minutos la ciudad, incluso desde aquí me lo permiten las vacaciones de los demás. Subo a una azotea un primer día de agosto, miro al frente, escucho palabras que descubrí ayer pero que de pronto suenan a otros días. Mientras su voz se va elevando emocionado a la llegada de la banda municipal, se pasean deseos del pasado al fondo de la terraza, y entonces supongo por un momento que es posible recuperar las ganas de escribir esto. Como saborear de nuevo una tarrina de menta y straciatella encerrada en el coche.lunes, 2 de agosto de 2010
Venís aquí cada domingo, ¿verdad?
Es como volver a tomar un helado de la diminuta gelateria del paseo de yeserías. Atravieso en veinte minutos la ciudad, incluso desde aquí me lo permiten las vacaciones de los demás. Subo a una azotea un primer día de agosto, miro al frente, escucho palabras que descubrí ayer pero que de pronto suenan a otros días. Mientras su voz se va elevando emocionado a la llegada de la banda municipal, se pasean deseos del pasado al fondo de la terraza, y entonces supongo por un momento que es posible recuperar las ganas de escribir esto. Como saborear de nuevo una tarrina de menta y straciatella encerrada en el coche.miércoles, 13 de enero de 2010
de letras y libélulas
Siempre he pensado que los no angloparlantesfluidos tenemos mucho mejor gusto para la música anglosajona que los que son capaces de dejarse embaucar por bonitas palabras y una melodía insulsa. 
Una mañana descubres una maravilla como ésta, la escuchas unas diez veces seguidas y quieres más. Luego buscas atentamente la letra... y no atrapas nada que pueda emocionarte, pero aún así sigues queriendo ver tocar esa canción en directo y repetir las palabras como si te fuera la vida en ello.
Eso sí, otras veces, lo que consigues comprender supera incluso a lo que fue capaz de paralizarte una mañana de verano mientras te despertabas con los rayos del sol filtrados por la persiana.
Lo que me lleva a pensar en cómo comprar un disco por la foto de su portada puede cambiarlo todo, pero eso, quizás, para otro día.
Una mañana descubres una maravilla como ésta, la escuchas unas diez veces seguidas y quieres más. Luego buscas atentamente la letra... y no atrapas nada que pueda emocionarte, pero aún así sigues queriendo ver tocar esa canción en directo y repetir las palabras como si te fuera la vida en ello.
Eso sí, otras veces, lo que consigues comprender supera incluso a lo que fue capaz de paralizarte una mañana de verano mientras te despertabas con los rayos del sol filtrados por la persiana.
Lo que me lleva a pensar en cómo comprar un disco por la foto de su portada puede cambiarlo todo, pero eso, quizás, para otro día.
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