miércoles, 13 de enero de 2010

de letras y libélulas

Siempre he pensado que los no angloparlantesfluidos tenemos mucho mejor gusto para la música anglosajona que los que son capaces de dejarse embaucar por bonitas palabras y una melodía insulsa.

Una mañana descubres una maravilla como ésta, la escuchas unas diez veces seguidas y quieres más. Luego buscas atentamente la letra... y no atrapas nada que pueda emocionarte, pero aún así sigues queriendo ver tocar esa canción en directo y repetir las palabras como si te fuera la vida en ello.

Eso sí, otras veces, lo que consigues comprender supera incluso a lo que fue capaz de paralizarte una mañana de verano mientras te despertabas con los rayos del sol filtrados por la persiana.


Lo que me lleva a pensar en cómo comprar un disco por la foto de su portada puede cambiarlo todo, pero eso, quizás, para otro día.