un concierto a solas

sábado, 9 de abril de 2011


Es sencillo que el cansancio acabe por bloquear los músculos del cuello. Cuando invitas a unos y esperas que otros vengan, cuando quieres que alguien en concreto se dé por enterado pero no venga; cuando te enferma que ni siquiera conteste; cuando imaginas que la persona desconocida mira pero nunca desearías que mirara mal.

Y es también tan difícil conseguir superar todas las expectativas y reír hasta que te hartas, que cuando ocurre, sientes la felicidad que has sufrido alguna vez, al menos una vez al semestre, desde hace veinte años.

Merece la pena estar.

lunes, 2 de agosto de 2010

Venís aquí cada domingo, ¿verdad?

Es como volver a tomar un helado de la diminuta gelateria del paseo de yeserías. Atravieso en veinte minutos la ciudad, incluso desde aquí me lo permiten las vacaciones de los demás. Subo a una azotea un primer día de agosto, miro al frente, escucho palabras que descubrí ayer pero que de pronto suenan a otros días. Mientras su voz se va elevando emocionado a la llegada de la banda municipal, se pasean deseos del pasado al fondo de la terraza, y entonces supongo por un momento que es posible recuperar las ganas de escribir esto. Como saborear de nuevo una tarrina de menta y straciatella encerrada en el coche.

miércoles, 13 de enero de 2010

de letras y libélulas

Siempre he pensado que los no angloparlantesfluidos tenemos mucho mejor gusto para la música anglosajona que los que son capaces de dejarse embaucar por bonitas palabras y una melodía insulsa.

Una mañana descubres una maravilla como ésta, la escuchas unas diez veces seguidas y quieres más. Luego buscas atentamente la letra... y no atrapas nada que pueda emocionarte, pero aún así sigues queriendo ver tocar esa canción en directo y repetir las palabras como si te fuera la vida en ello.

Eso sí, otras veces, lo que consigues comprender supera incluso a lo que fue capaz de paralizarte una mañana de verano mientras te despertabas con los rayos del sol filtrados por la persiana.


Lo que me lleva a pensar en cómo comprar un disco por la foto de su portada puede cambiarlo todo, pero eso, quizás, para otro día.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cambio y corto

Y la mejor forma de hacer desaparecer de la cabeza a los indeseables, aunque sólo sea temporal y de forma imaginaria, cortarse el pelo...

(de pronto recuerdo haber tenido a ese cantante larguirucho a mi espalda una noche en malasaña tomando una cerveza en la barra).


...y pensar que así, todo va a estar solucionado en el año nuevo.





Mentira, pero por hoy sirve; y mucho.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Un baño en el Hórreo

Hay personas en las que se muestra todo aquello que te gustaría tener: nada que ver con el físico, más bien en sus palabras, en lo que desprende cada uno de sus comentarios, en lo que tienen, en la mirada que generan.

Conocí a una persona así una vez. Desgraciadamente para mí, y, aunque no lo creo, quizás también para ella, queríamos lo mismo, solo que yo presentaba mi candidatura y aquella persona era la premiada. Y aunque mil voces me empujaban a sentir rechazo, me atraía su conversación las pocas veces que nos vimos. Aunque anduvimos siempre compitiendo de una manera soterrada por aquél otro que teníamos al lado, podía dejarme atrás con cada una de sus salidas o recomendarme sinceramente tal lugar, esa comida o aquél grupo sin dejar de provocar carcajadas.

Una de esas noches o de aquellos días en los que esa ciudad del norte me cambiaba en cada visita completamente, me habló de lo que escribía, y hoy he topado de nuevo con su blog, y ha aumentado la leyenda de transposición que presenta sobre mi vida y la dualidad de sentimientos que me provoca recordar.




Y he sentido el mismo desamparo que una de las últimas tardes de visita, cuando escuchaba esta canción de Damien Rice en la bañera de la suite accidental en un hotel que ya está cerrado, como lo están cada uno de aquellos días.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Nadadora


Cada año se repite, pero de pronto en uno, sin apenas percibirlo, algunas personas nuevas, con las que nunca tendrías ningún contacto, se cuelan en tu vida y te ofrecen un hueco sin mostrar desconfianza. No estaría mal ser así de vez en cuando.

Luego te sientas en el metro, pones a todo volumen la música, y las cervezas aún en tu cabeza se mezclan con recuerdos de estrellas o limones reflejados en las puertas de los baños de la sala maravillas.

... y piensas, cómo me gustaría volver de nuevo a estar allí, viendo pasar a la gente.

viernes, 27 de noviembre de 2009

la voz

Una noche de allá por el 93 ó 94, mientras estudiaba alguna de esas cinco asignaturas ingenieriles de primer año, el señor De Pablos me descubrió que un señor muy raro con apellido ruso cantaba en francés con una garganta prodigiosa.
Adicción a buscar sus singles me provocó, vaya.