Una mañana descubres una maravilla como ésta, la escuchas unas diez veces seguidas y quieres más. Luego buscas atentamente la letra... y no atrapas nada que pueda emocionarte, pero aún así sigues queriendo ver tocar esa canción en directo y repetir las palabras como si te fuera la vida en ello.
Eso sí, otras veces, lo que consigues comprender supera incluso a lo que fue capaz de paralizarte una mañana de verano mientras te despertabas con los rayos del sol filtrados por la persiana.
Lo que me lleva a pensar en cómo comprar un disco por la foto de su portada puede cambiarlo todo, pero eso, quizás, para otro día.
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