Es sencillo que el cansancio acabe por bloquear los músculos del cuello. Cuando invitas a unos y esperas que otros vengan, cuando quieres que alguien en concreto se dé por enterado pero no venga; cuando te enferma que ni siquiera conteste; cuando imaginas que la persona desconocida mira pero nunca desearías que mirara mal.
Y es también tan difícil conseguir superar todas las expectativas y reír hasta que te hartas, que cuando ocurre, sientes la felicidad que has sufrido alguna vez, al menos una vez al semestre, desde hace veinte años.
Merece la pena estar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario