Un coche aparcado a la espalda de un hospital, tras las vías del tren. Un saxofonista ensaya, la ventana entreabierta lo suficiente como para dejar escapar el sonido y hacerme dar la vuelta para descubrir un atril con partituras sobre la guantera.
Y mientras, yo cojeo de nuevo, de camino a urgencias entre la nieve. Del mismo modo en que bajé las escaleras de la sala el sol para ver a ron sexsmith.
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