jueves, 24 de diciembre de 2009

Un baño en el Hórreo

Hay personas en las que se muestra todo aquello que te gustaría tener: nada que ver con el físico, más bien en sus palabras, en lo que desprende cada uno de sus comentarios, en lo que tienen, en la mirada que generan.

Conocí a una persona así una vez. Desgraciadamente para mí, y, aunque no lo creo, quizás también para ella, queríamos lo mismo, solo que yo presentaba mi candidatura y aquella persona era la premiada. Y aunque mil voces me empujaban a sentir rechazo, me atraía su conversación las pocas veces que nos vimos. Aunque anduvimos siempre compitiendo de una manera soterrada por aquél otro que teníamos al lado, podía dejarme atrás con cada una de sus salidas o recomendarme sinceramente tal lugar, esa comida o aquél grupo sin dejar de provocar carcajadas.

Una de esas noches o de aquellos días en los que esa ciudad del norte me cambiaba en cada visita completamente, me habló de lo que escribía, y hoy he topado de nuevo con su blog, y ha aumentado la leyenda de transposición que presenta sobre mi vida y la dualidad de sentimientos que me provoca recordar.




Y he sentido el mismo desamparo que una de las últimas tardes de visita, cuando escuchaba esta canción de Damien Rice en la bañera de la suite accidental en un hotel que ya está cerrado, como lo están cada uno de aquellos días.

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